Acojonante. Resulta que cada acto, público o privado, que llevamos a cabo queda registrado en no sé qué parte del tejido espacial que nos rodea, igual que las imágenes que se sobreimpresionan en una película. Los científicos han recuperado esa película. La vida de cualquiera es revisable hasta el último detalle en tres dimensiones y alta definición. La poli ha pedido hacer un registro de miles de vidas de presuntos delincuentes. Se alzan voces contra lo que se considera allanamiento de pasado. Uno podrá visitar los mejores momentos de su vida o revivir sus mayores estupideces y aprender de ellas. Se acabó lo de contar a los nietos batallitas: los metes directamente en las Ardenas y ríete de Medal of Honor. Los fabricantes de videojuegos están aterrados: la vida real vuelve a ser interesante. Sobre la vida de Cristo, Mahoma, Buda, o sobre la muerte de Elvis o Kennedy, las autoridades guardan, de momento, un prudente silencio.
Ay! pero si lo bonito de las cosas es cómo las recordamos ¿a quien le importa realmente cómo fueron? Como diría el gran Gabo, la vida es para contarla…