Tengo 78 años y un síndrome. Hace ocho años mi marido murió de un infarto. En el momento en que le dio el infarto, nevaba. Desde entonces, cada vez que nieva, tengo la seguridad de que a alguien a mi alrededor va a darle un jamacuco. El verano pasado, en Marbella, un desconocido que tomaba el sol a mi lado sufrió uno. Por supuesto, salí corriendo para protegerme de la inminente nevada. En mi castigado cerebro, las asociaciones de ideas han tomado el poder y fabrican sus propias certezas. Hoy, sin ir más lejos. Me invitaron a una recepción en la Zarzuela. Estaban todos los que salen en el Hola y en el Qué me dices. Olían a papel cuché satinado. Francamente, algunos apestaban. No me atreví a estrecharle la mano a nadie por miedo a espachurrársela. Evidentemente, no escuché nada de lo que decían. Jamás leo los textos de este tipo de revistas.
o sea que es muchomas facil autoengañarnos de lo que secree no?
más bien, autosugestionarnos.
Si conocí a alguien que se llamaba Felipe y me caía muy bien, cuando conozca a otro Felipe sentiré una cierta empatía previa hacia él. Irracional pero cierto.
las consecuencias de llevar eso al extremo pueden ser divertidas.
Qué cosas…. me has hecho recordar al desgraciado de mi ex-cuñado Felipe.
Coño, espero que no asocies ahora este blog con él y te de por hackearlo o algo así. A ver si luego voy a llamar yo Rosa a todos los informáticos.
jajaja… da igual cómo los llames, vendrán y te dirán que reinicies. eso sí, no me eches a la papelera, pordióoooo.
Pues ahí te doy la razón… a principios de mes me entregan un dinero a nombre de una empresa a la que suelo ir todos los dias, esas asociaciones de ideas me llevan a la certeza de que… ¿¿¿!!! trabajo!!!???
jaja, labios, me ha gustado esa ironía fina