Dicen que el caviar de Beluga es el manjar más sublime que existe. Yo también lo creía durante un tiempo, pero, después de comerlo todos los días durante varios meses seguidos me saturé y empecé a aborrecerlo. El problema es que no sabía a qué cambiar: ya había probado todo lo exquisito y no encontraba nada mejor. Un drama: a mis cuarenta años había tocado techo en la pirámide organoléptica. Conclusión: o me quedaba donde estaba o empezaba a bajar. Así que volví a comer ostras de Colchester. A mi paladar super sibarita no le gustó el cambio, pero perseveré hasta encontrarle la gracia, momento en que di el salto al salmón noruego salado a mano, mi antaño tercer plato favorito. Claro está que el cambio me desagradó sobremanera, pero, al final, le cogí el punto y empecé a disfrutarlo. Entonces le tocó el turno al jamón ibérico de bellota. La verdad, no recordaba que fuese tan repulsivo, pero, oye, si vences las primeras arcadas, con el tiempo le vuelves a coger el punto. Turno entonces del chuletón de vaca y, por orden descendente, del huevo frito, de las lentejas, de las judías verdes, del puré de calabacín y de los callos. Cuando los callos me parecieron un bocado más que aceptable, empecé a comer whoppers. El siguiente paso, escarbar en los cubos de basura en busca de restos, no fue más amargo que los anteriores y, créeme, al final le encuentras el sex-appeal a todo. Después de eso pegué el salto al material inorgánico y hoy es el día que me he merendado una suela de zapato podrida ninguneada en un vertedero del Pozo del Huevo. Estos del Pozo están que lo tiran. Sin embargo, ahora que quiero volver a cambiar de dieta no se me ocurre nada peor que la suela podrida macerada en mugre. Lo que significa una cosa: he tocado fondo. Como dijo Amundsen, es hora de recoger los bártulos y dar la vuelta: mañana mismo empiezo a escalar la pirámide de sabores. Sólo de pensar en el cartón plastificado se me hace la boca agua.
m
o
l
a
(aunque no estemos de acuerdo en tu jerarquía organoléptica)
para que lo sepas, yo tampoco estoy de acuerdo con mi jerarquía organoléptica.
Simon entre Desavenencias 10 y Sindromes 2 me lo he pasao del 15. Sigue asi…un abrazo.
Por cierto yo tampoco estoy a tope con la jerarquia, pero da igual.
Dónde pondríamos aquel arroz verde?
aquel arroz… ¿entre el whopper y los restos de basura?
tengo novedades… chicha!!!!!! jajaja
huy, quería decir chincha.
porque chicha, auque más acorde con el contenido del post, no es lo mismo
mhhh… debo decir que de este lado del gran charco abundan cosas a años luz de la suela de zapato mugrienta… creo que despues de dicho bocado toca visitar a mi tía Martina (solo despues de una prolongada visita de 3 o 4 meses se te concederá dar la vuelta y comenzar el remonte.
saludos
jaja, imagino que no existe ninguna, pero que ninguna remota posibilidad de que tu tía Martina esté leyendo este blog, ¿no?