Hoy, 26 de octubre, he forrado el último libro. A eso, a forrarlos como dios manda, sin arrugas ni grumos que luego hay que pinchar con una aguja, deberían enseñar ya desde la escuela, para que el marrón se lo coman los niños que, además de no hacer nada, cuando ven el resultado final, van y ponen el grito en el cielo.
Forrar libros es un ejercicio que pone a prueba tu lado perfeccionista, sobre todo si se forran con plástico adhesivo: por mucho que uno intente hacerlo bien, nunca queda del todo a gusto; el truco que te sirvió una vez no funciona igual de bien la siguiente; el adhesivo siente una morbosa querencia por sí mismo. Un consejo: si una esquinita de adhesivo se pega en el propio adhesivo, no intentes despegarla y dejarla lisa como estaba, es sólo el principio del fin y todo acabará hecho una bola; yo, cuando me pasa eso, me apresuro a hacer un burruño y a por otra.
Forrar libros es el ejercicio contrario a hacer puzzles. Los puzzles te los dan fragmentados y tú te das el gustazo de ir armándolos hasta completarlos y al final todo es perfecto y ordenado. Los forros adhesivos vienen primorosamente enrollados, lisos, inmaculados. Algo tan perfecto sólo puede tener un destino: empeorar. Los puzzles son terapéuticos. Los forros, no. Los puzzles se inventaron para la salud mental de la gente que forra libros.
Nos venden la idea de que la vida es como un puzzle: nacemos imperfectos y tenemos la oportunidad de completarnos, pero, qué va, en realidad la vida copia a los forros: es un hecho que un recién nacido sólo puede estropearse. ¿Recuerdas que alguien te haya mirado alguna vez con la dulzura bobalicona con que se mira a un bebé? Yo he visto gente en el supermercado mirando de esa manera hacia la sección de forros.
Al final todo se reduce a una pregunta: si los forros protegen a los libros, ¿quién nos protege a nosotros de los forros?
forrar libros en octubre es ejercicio de padres. y muy señor míos.
Facil respuesta…los puzzles…jaja
Yo ya me he pasado al forro de toda la vida..el que no hay que pegar (que menos al libro se pega a todos los sitios..los dedos..el forro mismo…)..simplificar…eso es lo que necesitamos…y disfrutar de forrar los libros, con ese olor que tanto nos gustaba de pequeños…a nuevo.
Me ha hecho mucha ilusión tu inmersion en este mundo…un beso muy grande
Hola Yoli! Aquí ando, más perdido que un pulpo en un garaje.
Besos.
¡Ah, coño! De ahí viene la expresión “Ni por el forro de los cojones”
Un abrazo, Saimon. Gracias por el rato.
Yo recuerdo cuando antaño las portadas de los libros estaban impresas en cartulinas de bajo calibre y con malas tintas. A la primera sobada se arrugaban y cuarteaban las esquinas. Entonces el uso de los forros era imprescindible y así era posible que los libros fueran heredables. Hoy los los libros cambian de año en año y vienen impresos en cartulinas impecables y además plastificados, con lo cual forrar un libro solo empeora su apariencia.
Quizá sólo los forramos para mantener la industria de los forros de plástico, igual que cambiamos el contenido cada año para manterner la industria editorial educativa, lo mismo que hacemos guerras para poder fabricar armas.
Vivimos en una sociedad en la que todo tiene que oler a nuevo, hasta los cadáveres.
Genial Simon, mola el blog que acabas de hacer nacer… que suerte tienen tus hijas de que sigas siendo forralibros, yo me los forraba yo mismo,, ja, un abrazo
¿Te los forrabas tú? Joder, amigo, Edu, eres el hijo que siempre quise tener.
Lo de la vida como forro o puzzle me parece una analogía divertidísima. Qué bien haber descubierto tu blog.